Hace poco iba en un bote por un lago, buscando un lugar donde desembarcar. Al observar la orilla, vi algo sorprendente: una escalinata. Unas piedras grandes, que de otro modo habrían pasado desapercibidas, habían sido dispuestas claramente con esmero para formar una escalera que descendía hasta el lago.
Pero ¿por qué me convencí de inmediato de que alguien había construido esa escalera deliberadamente? El material de la misma no tiene nada de particular, pues está compuesta por la misma tierra y las mismas piedras que el terreno circundante. No tengo ni idea de quién la construyó, ni más que una vaga noción de cuál pudo ser su propósito. Sin embargo, estoy convencido de ello, al igual que lo estaría cualquiera que la viera.
Una sola piedra
¿Habría estado tan convencido si solo se hubiera colocado una piedra a modo de escalón? Probablemente no. Si se hubiera colocado una única piedra grande entre el terreno elevado y la orilla, seguramente habría atribuido su ubicación al azar. Pero ¿qué diferencia hay exactamente entre una escalera de una sola piedra y una de seis?
El método de detección de diseño expuesto en la segunda edición de The Design Inference puede ayudarnos a explicar esto. Que una sola piedra se coloque a modo de escalera es algo improbable. A efectos de este razonamiento, supongamos que tiene una probabilidad de una entre un millón (o 10⁶). Siguiendo el método de cálculo aproximado descrito en mi artículo reciente, podemos describirla como una «escalera», una descripción de una sola palabra. Teniendo en cuenta que existen aproximadamente 10⁵ descripciones posibles de este tipo, obtenemos una probabilidad ajustada de 1 entre 10. Es algo improbable, pero no lo suficiente como para llamar la atención.
Una probabilidad descontada
Sin embargo, ¿qué sucede si aplicamos la misma lógica a la escalera de seis piedras? Cada piedra tiene una probabilidad entre un millón de estar en su sitio. Por tanto, en conjunto, las seis piedras tienen una probabilidad de 1 entre 10³⁶. Podemos describir esta escalera como una «escalera de seis peldaños». Esa expresión consta de cuatro palabras, lo que conlleva un descuento de 1 entre 10¹⁵. No obstante, eso deja una probabilidad ajustada de 1 entre 10²¹, una cifra sumamente baja.
Por supuesto, no realicé cálculos matemáticos cuando vi la escalera. Sin embargo, de forma implícita, razonaba que dicha escalera era altamente improbable y que, al mismo tiempo, encajaba en un patrón que me resultaba familiar. Esa es, en esencia, la misma intuición cotidiana que la lógica de la complejidad especificada pretende formalizar con rigor.
Artículo publicado originalmente en inglés por Winston Ewert, Ph.D. en Science & Culture
Crédito de la imagen destacada: Winston Ewert