Al comenzar el nuevo año, es común proponerse algo nuevo. Sin embargo, hacer propósitos de año nuevo es más fácil que cumplirlos. A menudo procrastinamos y posponemos el esfuerzo. Quiero centrarme en el proceso de iniciar un nuevo proyecto creativo y en lo que se necesita para alcanzar el éxito. ¿Revela nuestra creatividad otra faceta fascinante del Diseño Inteligente en nuestras vidas?

Supongamos que queremos crear algo, quizás pequeño, como un ensayo breve, o grande, como una casa nueva. ¿Qué se necesita para comenzar un proyecto así? Primero, si queremos crear algo verdaderamente original, debemos usar la imaginación. Si quiero escribir una historia original, tengo que imaginar a los personajes y cómo podrían interactuar entre sí en las circunstancias que voy a incorporar a la historia. En otras palabras, debo imaginar la trama.

De la misma manera, si quiero construir una casa y decido no contratar simplemente a un arquitecto para que diseñe un plano, tendré que considerar las características prácticas y soñar con las estéticas que me gustaría incorporar a la casa terminada.

Creencia de que se puede hacer

El segundo aspecto necesario para comenzar un nuevo proyecto es la fe en que se puede lograr y en que el esfuerzo y los recursos invertidos valdrán la pena. Si no creo que puedo escribir una historia, me resultará difícil empezar. Y aunque puedo imaginar una casa bonita en la que me gustaría vivir, personalmente me cuesta creer que podría diseñar y construir una casa así con éxito, así que nunca me he planteado seriamente intentarlo.

Ahora bien, tanto la imaginación como la fe, o la creencia, son cualidades humanas, pero definitivamente no de los objetos inanimados, y quizás también faltan entre los animales no humanos. Un pájaro puede construir un nido, pero es dudoso que funcione por algo más que instinto. ¿Y qué hay de la IA? ¿Es creativa la IA? Quizás, pero solo en un sentido derivado. La IA existe como una herramienta para uso humano, diseñada, construida y programada por otros humanos creativos e inteligentes. La IA podría generar código que dé lugar a otro sistema de IA, pero el origen último de todo es el genio creativo de los humanos. Los humanos tenemos la capacidad de imaginar resultados novedosos y producir cosas inéditas. La creatividad humana parece ser un don que nos permite diseñar y moldear la materia preexistente de este universo en infinidad de formas útiles que superan el funcionamiento natural de las fuerzas de la naturaleza. En la cafetería donde escribo este artículo, casi todo lo que veo a mi alrededor está compuesto de materia moldeada en formas que jamás surgirían de forma natural en nuestro universo físico.¹ Nuestra creatividad también se extiende a los resultados inmateriales.

La imaginación de Einstein y la de Beethoven

En el ámbito científico, por ejemplo, Einstein imaginó cómo sería viajar en un haz de luz. De ahí derivó la teoría especial de la relatividad, que predijo consecuencias inauditas, como la dilatación del tiempo y la contracción de la longitud, en función de la velocidad relativa de los observadores.

En el ámbito musical, las composiciones de Beethoven destacan, entre otras cosas, por su progresiva pérdida de audición.

En sus últimos años [tras quedar completamente sordo], Beethoven compuso obras de una originalidad asombrosa… La Novena Sinfonía (1824) es quizás el ejemplo más emblemático. Completamente sordo, Beethoven compuso una sinfonía coral, la primera de su tipo. Su final, con la «Oda a la Alegría» de Schiller, fue revolucionario en contenido y ejecución… El silencio que lo rodeaba no aplastó su creatividad, sino que la liberó.

Por extraordinaria que sea la creatividad humana, una salvedad importante es que nuestra imaginación creativa no nos da la capacidad de crear realidad física de la nada. Podemos imaginar una ratonera mejor, pero ninguna visualización nuestra producirá, solo con el pensamiento, lo que imaginamos. Necesitamos la existencia previa de componentes materiales y un medio para acoplar nuestros pensamientos a mecanismos físicos —ya sean nuestras propias manos o las máquinas que operamos— para materializar nuestras ideas creativas.

Todo de la nada

Podríamos imaginar un mecanismo o entidad capaz de crear algo de la nada, pero no podríamos producirlo, porque las leyes de nuestro universo físico lo prohíben. Pero es posible que tal cosa, tal entidad, ya exista. De hecho, la existencia de este universo requiere lógicamente que su fuente última sea algo capaz no solo de imaginar lo inexistente, sino de crear, de la nada, nuestro universo y todo lo que contiene.

¿Qué nos da la capacidad de imaginar y creer? No podría ser simplemente nuestra inteligencia madura. Al contrario, los niños pequeños son infinitamente creativos, con mayor libertad que la mayoría de los adultos. De ello parece deducirse que nuestros atributos creativos surgen de una fuente externa a nosotros. Esta tendría que ser una fuente inmaterial: no solo un diseñador inteligente, sino creativo.

La capacidad de realizar un trabajo creativo, de iniciar con éxito una iniciativa creativa, requiere de un diseñador creativo. La creatividad nos hace dependientes de un recurso disponible, pero no totalmente bajo nuestro control; un lugar que los niños pueden explorar con mayor libertad que los adultos. Como escribe Madeleine L’Engle:

La creatividad nos abre a la revelación… En el acto creativo, el artista abandona el autocontrol al que normalmente se aferra…

Walking on Water: Reflections on Faith and Art [Caminando sobre el agua: Reflexiones sobre la fe y el arte] (Colorado Springs: WaterBrook Press, 2001), pág. 81

¿Cuál es el origen de nuestra creatividad? ¿Es suficiente la idea de que nuestro cerebro es una computadora compleja hecha de materia orgánica? En un artículo anterior, sugerí que nuestras vidas requieren «algo más» —una conexión continua con una fuente de vida externa que nos guíe— para que podamos funcionar plenamente como seres humanos. Nuestros mejores ejemplos de creatividad parecen dar testimonio de esta inspirada colaboración.

Nota:

  1. Véase también, el ensayo de Granville Sewell: «El argumento más sólido a favor del Diseño Inteligente es también el más simple»

Artículo publicado originalmente en inglés por Eric Hedin en Science and Culture

Crédito de la imagen destacada: Joseph Karl Stieler.